sábado, 19 de mayo de 2018

BATALLONES DE PROTECCIÓN


EL ERROR CONCEPTUAL DE ALGUNOS SOLDADOS RESERVISTAS


Solo conociendo el Orden de Batalla, tanto de las fuerzas armadas argentinas como chilenas, se puede comprender que el rol de combate de estas unidades no resultaba menor ni insignificante. También se puede entender el por qué del equipamiento que recibieron y las ubicaciones a las cuales fueron desplegadas.





  Armas provistas a los Batallones de Protección. PAM 2 calibre 9 mm (arriba)
 y Fusil Mauser 1909 calibre 7,65 mm (abajo), 
ambas elaboradas por Fabricaciones Militares.




Es frecuente leer en algunos blogs y posteos en las redes sociales términos tales como “el armamento que teníamos era obsoleto”, que con ese equipamiento “de la segunda guerra mundial” no le podíamos ganar a nadie, y otras calificaciones por el estilo.
Hacen así referencia a la falta de preparación de la tropa y al pertrecho ciertamente añoso que les habían asignado. Recuerdo en especial el caso de un soldado que solo había hecho un comentario en ese sentido, tras lo cual me aventuré a indicarle “estuviste en un batallón de protección” y ante su respuesta afirmativa agregué que seguramente habían sido movilizados no mas allá de las fronteras del sudeste de la provincia de Buenos Aires. Y se mostró sorprendido por el acierto de mis afirmaciones.
¿En que se basaron éstas? Muy simple. Durante la movilización de 1978 se crearon muchísimas unidades nuevas (sea originalmente nuevas, sea fusionando unas con otras). Y este fue el caso de los llamados batallones de protección como por ejemplo el 101 en la zona de Buenos Aires y norte de La Pampa o el 122 en el centro de Santa Fe desmovilizado poco antes de emprender la marcha hacia la provincia de Misiones.
Es que estas unidades, conformadas general y esencialmente con soldados reincorporados de las clases 58, y 55 inclusive, mas egresados de liceos militares (como oficiales) y suboficiales y oficiales retirados o pertenecientes a escalafones de cocina, música o meramente administrativos. Si bien parecían mayoritariamente un “rejunte”, no se debe dejar de considerar que algunos oficiales y suboficiales de combate fueron destinados a reforzar estos batallones en puestos de mando de real importancia.
Es verdad que el armamento que se les entregó no era moderno, pero en muchos casos aunque antiguos, sin uso. Incluyendo viejos fusiles Mauser modelo 1909 recién sacados de sus cajones originales y conservando aún la grasa que los cubrió al salir de Fabricaciones Militares entre 1947 y 1950. Había en estos batallones también viejas ametralladoras alemanas y austríacas, morteros y algunos pocos FAL y FAP.
El desplazamiento de esta tropa fue ciertamente por un radio acotado, ya que incluso no disponían de gran cantidad de medios de movilización, respondiendo en su mayoría a unidades de transporte muy viejas o decomisadas -en el mejor de los casos- a las empresas estatales y privadas.
Pero pese a este panorama el rol que desempeñaron no fue menos importante en el diagrama bélico u Orden de Batalla diagramado en 1978.
Estas unidades fueron dotadas con todo el armamento y equipo que no llevaron a sus nuevos lugares de emplazamiento las unidades de combate o apoyo de combate y cumplieron dos misiones destacadas.
Por un lado, cubrir los espacios que aquellos batallones, regimientos y brigadas dejaban vacante. Y por otro, el más importante, y ya en operaciones, salir a detectar y neutralizar eventuales incursiones de comandos chilenos o brasileros.
Si bien aquel ORBAT se basaba en una acción esencialmente ofensiva (atacar al adversario), preveía también eventuales resultados adversos en algunas acciones con su consecuente plan de contraataque. Tal como estaban planteado los hechos y las circunstancias Argentina debía tener la iniciativa (atacar) y Chile respondería con su propio ORBAT (resistir, rechazar y contraatacar).
En este esquema -y para comprender el rol de combate de los Batallones de Protección- debemos centrarnos ahora en aquel orden de batalla del adversario.
Conforme la información que hemos obtenido para la publicación de “Hubo Penas y Olvidos…”, tomando contacto con soldados, suboficiales y oficiales del ejército chileno el plan consistía -en resumidas cuentas- en lo siguiente:
01.- Detener el avance argentino: colocación de minas antipersonales y antiblindados; instalación de una primera línea defensiva precaria (reservistas, carabineros), respaldada por artillería y fuerza aérea.
02.- Destinar las unidades de mayor poder de fuego a fortificar las ciudades y objetivos estratégicamente más importantes.
03.- Contraatacar devolviendo al invasor a sus posiciones originales.
Si se lograba este punto tercero el plan continuaba con avances desde el Sur hacia Río Gallegos y por la zona central hacia Bahía Blanca y en una suerte de pinza la primera columna intentaría reunirse, avanzando hacia el Norte, con la segunda.
Como esta acción estaba prevista por el alto mando argentino, se había ubicado el grueso de la II Brigada de Caballería Blindada al mando del general Juan Carlos Trimarco como reserva estratégica entre La Pampa y Sur de Buenos Aires. Igual función habrían tenido los paracaidistas de Córdoba.
El presunto avance chileno requeriría de la acción de comandos adelantados y allí entrarían en acción específicamente los llamados Batallones de Protección.
Pero el plan chileno incluía también la posibilidad de un contraataque y avance complejo e “informal”, es decir, si sus columnas no podían avanzar consolidadas lo harían diseminadas en una suerte de acción de “guerra de guerrillas” (para lo cual pensaban contar con el pleno respaldo de la población chilena diseminada por la patagonia argentina).
No resulta desacertado destacar que la acción de “guerrillas” estaba también prevista desplegarla, llegado el caso, si la invasión argentina no podía ser “frenada”. Para tal efecto el comandante de la región Sur, General Nilo Flody Buxton, había mandado construir varios depósitos ocultos conteniendo armas, municiones, alimentos, medicamentos y equipos de comunicación, para “la resistencia”.
En cuanto a la previsión de comandos o tropas brasileras incursionando en territorio argentino, respondió al conocimiento que se tenía de que Chile buscaría la regionalización del conflicto, con la intervención de Brasil (a su favor), Bolivia y Perú para obligar a la pronta intervención de la ONU.
Es en este esquema que puede comprenderse entonces los roles asignados a la Brigada Aerotransportada y a la II Brigada de Caballería Blindada, como así también a los citados batallones de protección, equipados -en este último caso- con lo que quedaba y había disponible.

domingo, 18 de marzo de 2018

VOLVER A LOS 17


REGRESAR A LOS LUGARES QUE TAL VEZ NUNCA DEJAMOS ATRÁS




Volver a los diecisiete /
Después de vivir un siglo /
Es como descifrar signos /
Sin ser sabio competente /
Volver a ser de repente /
Tan frágil como un segundo /
Volver a sentir profundo /
Como un niño frente a Dios /
Eso es lo que siento yo /
En este instante fecundo…

Primera estrofa de “Volver a los 17” de la chilena Violeta Parra que sirven para enmarcar mi accidental regreso, cuarenta años después, al lugar que sirvió como punto de partida al libro “Hubo penas y olvidos”.
No volví a los 17 de la cantautora trasandina sino a los -recién cumplidos- 19 míos. Con su bagaje de poca experiencia y muchos temores.
Por cuestiones del destino y las circunstancias llevé a mi hija mayor hasta el aeropuerto de la ciudad de Paraná que se encuentra en el mismo predio de la Base Aérea y comparten torre de control, pistas e instalaciones complementarias.
Subiendo hacia el primer piso, donde se encuentra el bar, pude divisar plenamente aquel tejido de cemento por donde se desplazan los aviones y -desde el concepto de la filosofía griega- ver los fantasmas de la tropa de entonces.
Desde ese mismo lugar el 22 de noviembre de 1978 partió el Tango 01 (hoy desaparecido desde que Menem decretara su salida de servicio y reemplazo por otra unidad) y el Batallón de Ingenieros en Construcciones 121 fue despedido por el comandante del II Cuerpo de Ejército, General Leopoldo Galtieri. Coincidentemente del arma de ingenieros y ex jefe de la unidad.
Con su “configuración Vietnam” que implicó el retiro de las butacas y paneles divisores internos, la tropa se fue acomodando dentro de la aeronave. Sentados en el piso o sobre el casco, encajados uno contra otro merced a las piernas obligatoriamente abiertas entre las cuales también acomodábamos los fusiles con las culatas bien afirmadas y los cañones hacia arriba.
Casi dos horas de vuelo en esas condiciones hasta Comodoro Rivadavia y de allí el trasbordo hacia dos aviones Fokker F-27 hasta el aeródromo de Puerto San Julián.
En este segundo tramo las condiciones de transporte habían mejorado considerablemente. Con similar configuración interior fueron dos aeronaves las que concretaron el trabajo y para lo cual se habían colocado en el habitáculo principal dos correas a lo largo y sobre el piso de la cual nos tuvimos que aferrar fuertemente al momento del despegue y aterrizaje para evitar salir rodando siguiendo la inclinación que adoptaba el artefacto.
Después de hacer noche en un valle en las cercanías de San Julián, el viaje se completó con 6 horas mas a bordo de camiones Unimog y Mercedes Benz hasta la ciudad de Río Gallegos, lugar donde el núcleo principal de la unidad levantaría su vivac (campamento) desde el 23 de noviembre de 1978 al 29 de enero de 1979.
La mayor parte de ese tiempo ocupamos la Sociedad Rural de la capital santacruceña y una semana antes del regreso nos trasladaron hacia dependencias del Batallón de Ingenieros de Combate 181, en la misma ciudad donde quedó una reserva hasta junio de 1979.
Volver a los 19, aunque fuere en forma accidental, disparó un sinfín de sensaciones tal vez porque en definitiva fue como “Volver a ser de repente / Tan frágil como un segundo / Volver a sentir profundo / Como un niño frente a Dios”.